14/3/11

Fernando Reyes Franzani

Poema 
Especial para Punto de Partida
Copyright © 2011 Analecta Literaria
 


NOCHE Y DÍA

Cuando él va, en una oscura decisión
contra el tiempo, que para ir no necesita excusas,
pero siempre la busca para desenfrentar
la oportunidad del encuentro:

Published: By: Analecta Literaria - 1:12

11/3/11

María Soledad Merindol



María Soledad Merindol 
Cuerpo Desconocido


   
Ella sólo quería que le rompiesen el culo. Quería sentir en su propio cuerpo lo que sentía él lejos de ella. Quería entender por qué él se había ido. Ella sabía que no quería exponerse una vez más y sólo se entregaba a relaciones pasajeras que cumplieran con el mandato que impartía: "sólo el culo", decía ella. No buscaba promesas de amor eterno, ni relaciones extensas. Quería saber que si, de haberlo hecho antes él, seguiría a su lado. Entendió que él se fue buscando en otros lo que ella no le entregó. Se preguntó una y mil veces qué fue lo que hizo que él cambiara tanto, que ya no la quisiera, que sus palabras dulces se transformaran en afilados dardos. Quiso entender con la cabeza lo que el corazón le demostraba a cada paso. No pudo hacerlo hasta que él le dijo que su decisión no iría a cambiar, que la dejaba para siempre y que no preguntara las razones porque no las había, simplemente había dejado de quererla. Ella vio como él hizo sus valijas y se fue. El tiempo ayudó a sanar las heridas pero no a olvidarlo, a dejar de pensar en él durante todas las horas del día, a imaginar cómo sería su vida si aún siguieran juntos. Y un día, de pronto, se lo cruzó en un bar. Pensó que todas sus súplicas habían sido oídas. Pero no. Él la saludó y le presentó a Andrés, su pareja. Ese día se fue con alguien recién conocido con una única idea rondando en su cabeza. Quería quitarse la bronca y no le importaba cómo ni con quien. Sólo quería hacerlo de una vez y dejar atrás todo lo que sentía. Esa noche sintió que su cuerpo se rompía en mil pedazos cuando aquel cuerpo desconocido la penetraba por atrás tal como ella le había pedido. Sintió ganas de llorar, de escapar, de quedarse sola, pero se guardó las lágrimas hasta que quedó sola en el vacío de su cama. Entonces desahogó toda su pena, su rabia, su dolor y se prometió no volver a llorar por un hombre. Desde ese momento todos pagarían por él. Quería vengarse de él sin pensar en ella misma. Noche a noche buscó quién llevarse a la cama. Buscó en todas partes. Sin reparos ni miramientos todos eran recibidos por ella. Uno a uno cumplieron con la promesa que le hicieron al entrar en su cama: no tocar más allá del conducto anal.
Published: By: Analecta Literaria - 1:00

10/3/11

Ana Danich

De Madrugada




Esta madrugada desperté sobresaltado. No sabía si lo estaba soñado o era realidad, pero mi oído sensible me habló de un grito sobrehumano. No estaba  seguro de dónde provenía, quizás de la calle, tal vez de la casa de algún vecino. No lo sé. Lo que si sé es que fue una llamada de alerta que hizo crujir mis dientes.

Estoy acostumbrado a escuchar esos gritos varias veces a la semana, pero hoy desperté particularmente receptivo a los sonidos. Oído de brujo, dice mi mujer, que nunca presta atención a nada, ni le interesa.

En la oscuridad de la noche, me deslicé en las tenues luces que se escurrían entre las cortinas recién lavadas y planchadas en la tintorería. Bajé despacio las escaleras y me arrimé al visillo de la puerta como un gato que se acerca con sigilo a la presa desprevenida.  Mi mano corrió  la cortina con suavidad, esperando no ser descubierto por algún transeúnte trasnochado que volvía quién sabe de qué lugar prohibido.

Mis ojos recorrieron la calle solitaria de un extremo a otro. Ni los perros andaban por ahí, sólo las hojas del otoño caían sin  ruido sobre las aceras húmedas.


Published: By: Analecta Literaria - 1:05

3/3/11

Paula Escudero


Tiempo Muerto
© 2016 Punto de Partida Para Analecta Literaria

 
Estoy en la sala de espera del sanatorio y las caras son siempre las mismas. Algunos hombres se dedican a dormir, y emiten ronquidos con la boca tan abierta, que podrían tragarse a la persona de al lado. Son los mismos a los que a veces, en un gesto impúdico, y sin detectar la presencia de otros, les cuelga la baba en un hilo blanquecino, casi invisible, y son los que seguramente, despertarán de un salto cuando el médico los llame por su apellido. Entonces no tendrán ni tiempo de desperezarse, ni de arreglar los dos pelos locos que se les caen sobre la frente y aún resisten.


Published: By: Analecta Literaria - 0:30

1/3/11

Alejandro del Popolo





El Recuerdo 
De Tus-Mis-Ojos



Tengo el disparador entre las manos.  La  forma  es  de  un  pistilo  dócil  esperando  hundirse en  el  cuenco  duro  de  sus  pétalos.  Las manos las tengo unidas.  Están protegidas en el regazo.  Delante de mí está la Leica.  Está  en  el  trípode  con  su  elegante  solidaridad,  íntima,  con  la  hidalguía  de  la  reserva.  Desde  el  taburete  percibo  el  olor  del  cuero  macerado  de  la  empuñadura.  Es solaz, sencillo, vital.  Desde su centro percibo destellos del anillo del enfoque ranurado.  Estoy pensando.  Estoy pensando en recordar todo lo que veo.  Por  ejemplo,  desde  aquí,  desde  la  torre  del  taburete,  quiero  recordar  los  números  incrustados  en  el  aro  color  estaño.  Recuerdo el 0.45 que también es una fragancia.  Es  la  fragancia  de  la  tinta  alemana  que  se  hunde  y  se  bifurca  en  el  cero,  en  el  punto  redondo,  en  el  cuatro  y  en  el  cinco.  Cero  cuarenta  y  cinco  son  tres  palmos  de  distancia  a  las  flores  o  a  una  nariz,  o  a  la  frente  en  ceño  de  ella.  Quiero recordar porque me voy a ir.  Quiero  recordar  porque  quiero  llenarme  de  pasión,  de  este  aire  que  llena  el  espacio  que  hay  entre  la  Leica  y  yo.  He  unido  mis  manos  protegiendo  al  disparador  con  su  cuerpo  trémulo  y  quebradizo.  Me  he  puesto  la  blusa  que  más  me  gusta  y  la  que  uso  casi  todos  los  días.  También he esperado la tarde.  He esperado a un meticuloso rayo de sol.  Hace  días  que  mis  manos  vienen  capturando  los  pertrechos  necesarios  para  dar  con  ése  rayo  de  sol.  He  estudiado  la  tarde,  la  tregua  de  la  ventana  y  de  sus  cortinas.  Todas  estas  simples  tardes  he  refrenado  a  pulso  el  torrente  de  luz  que  cae  con  su  pico  de  ave  en  mi  cocina.  He  pensado  en  el  sólido  taburete  y  en  mi  cara  esperando  como  ahora  esperan  mis  manos  unidas.  He  pensado  en  la  señal  blanca  posándose  en  mi  rostro,  y  he  pensado  en  el  momento  de  sujeción  en  que  mis  manos,  como  ahora,  esperan  accionar  el  obturador  porque  sí.  Porque  el  lado  de  allá  no  es  como  lo  dice  Cortázar.  No  es  un  relato  de  nubes  que  pasan  cuando  uno  está  contando  una  historia.  No  es  una  conjugación  de  verbos  trastocados  porque  no  hay  tiempo.  No es infundir el espacio porque no haya espacio.  Porque  yo  soy  pasión,  el  tiempo  es  pasión,  el  espacio  es  pasión.  Porque  yo  cuento  mi  historia  de  miles  de  maneras  no  necesito  de  nubes.  O tal vez sí.  Algunas necesito.  Por  ejemplo  necesito  algunas  nubes  de  Córdoba  para  que  me  nublen  el  día,  pero  no  lo  suficiente  como  para  impedir  que  use  la  Leica.  Necesito  la  pose  de  Laura  con  el  desenfado  de  sus  pantalones  cortos  que  convierten  a  sus  piernas  en  espigas.  Posa desenvuelta, con las manos como señalando al camino.  El gesto a medio hacer y la sonrisa completa.  Amo  a  esta  mujer,  desde  aquí,  desde  el  siempre,  como  la  amé  desde  allí,  desde  Córdoba,  con  su  paisaje  pequeño  de  arbustos  que  no  se  animan  a  volar  y  los  cerros  no  se  animan  a  crecer.  Laura está casada, con dos hijas.  Yo soy soltera, desde el siempre.  Tal vez por eso mis ojos oculten cosas.  Tal vez por eso sean bellos.  Por eso he preparado el taburete.  He  ido  eligiendo  la  luz  todos  los  días  para  que  diera  sobre  él.  Del  tiempo  he  hecho  un  almácigo  y  me  he  ido  comiendo  sus  frutos.  Pero yo no soy sola.  Por eso traje a la Leica. 
Published: By: Analecta Literaria - 19:00

 

Ads