Ortografía
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El tipo entró en la habitación, dejó la valija en el piso, y respiró hondo.
El viaje había resultado más cansador que lo esperado. La ruta había estado bastante pesada, por el cambio de quincena, y la aguja de la temperatura del agua siempre al borde de la zona roja le había alterado los nervios durante la mayor parte del trayecto.
Pero ya estaba de vacaciones. El hotel no estaba tan mal, después de todo: TV en la habitación, con equipo de DVD incluído, y una amplia oferta de títulos en la recepción. Aire acondicionado, frigobar, y una ventana con una buena vista al médano detrás del que se podía adivinar la playa.
El viaje había resultado más cansador que lo esperado. La ruta había estado bastante pesada, por el cambio de quincena, y la aguja de la temperatura del agua siempre al borde de la zona roja le había alterado los nervios durante la mayor parte del trayecto.
Pero ya estaba de vacaciones. El hotel no estaba tan mal, después de todo: TV en la habitación, con equipo de DVD incluído, y una amplia oferta de títulos en la recepción. Aire acondicionado, frigobar, y una ventana con una buena vista al médano detrás del que se podía adivinar la playa.
Sobre la mesita de luz, lo usual: algunos soportes de acrílico con los horarios del comedor, los precios de los servicios del spa, y un aviso acerca de la recomendación de no fumar en la habitación, advirtiendo sobre la presencia de un sistema para la detección de humo. Dirigió la mirada hacia el techo, pero no vio ningún dispositivo que pudiera cumplir esa función.
Se sentó en la cama, mullida y con olor a limpio. Pensó que en la semanita que tenía por delante, si lograba desenredarse de la maraña de preocupaciones laborales que todavía le daba vueltas en la cabeza, tal vez podría descansar como para recomenzar el año con un poco de energía extra.
Se paró, y mientras exploraba los canales de la televisión, encendió de manera automática un cigarrillo y le dio una larga pitada.
Alcanzó a hacer zapping nada más que durante un par de segundos, porque lo interrumpió un pequeño hombrecito que salió del placard.
Era delgado, enjuto. Estrecho de hombros, por contraste la cabeza parecía exageradamente grande, con una forma que recordaba a un triángulo con el vértice apuntando hacia abajo. La piel de la cara de una tonalidad grisácea. El cabello del mismo color, peinado hacia atrás, con dos entradas profundas. Las cejas tupidas enmarcando un par de ojos muy negros, con un brillo llameante. La nariz afilada, los labios fruncidos. Vestía un traje gris, con chaleco, y una delgada corbata, de un oscuro e indefinido color. Bajo su brazo izquierdo llevaba una carpeta, gris.

